¿Por qué hacer dieta no sirve?

No la quiero mandar al frente, pero recuerdo mucho cuando era chico que llegando esta fecha, mi madre comenzaba alguna dieta para bajar de peso, ya sea antes de las fiestas, antes del verano. También intentaba ponerlo a dieta a mi padre, pero sin éxito. Cada año la escena se repetía… el caramelo ácido antes de las comidas, la ensaladita, etc. Bajaba un par de kilos y luego llegando a marzo, volvía a recuperarlos.

En el año 2007, un grupo de psicólogos de la Universidad de California hizo un meta-análisis sobre más de 30 estudios sobre el comportamiento de las personas y la dieta. ¿A qué conclusión se llegó? Que casi el 80% de estas personas hubieran estado mejor sin hacer dieta. ¿Por qué? Porque no sólo volvieron a ganar el peso perdido antes del año, sino que hasta dos tercios de ellas aumentaron aún más de peso.

La cuestión estética es sólo anecdótica. Eniendo que para algunas personas pueda tener más importancia o menos, el hecho de lucir más o menos panza, un talle más o menos de pantalones, pero el principal problema con el efecto rebote es el desorden metabólico que se genera.

Es por esto que los investigadores de la UCLA concluyen que el grupo hubiera estado mejor sin hacer dieta nunca, que habiéndola hecho.

Hace 20 años era la dieta Atkins, ahora es la dieta Paleo, lo cierto es que tener una alimentación restringida en la que la persona permanece insatisfecha a nivel nutricional, emocional y social, es una bomba de tiempo que termina generando, más tarde o más temprano, un efecto “mah sí” y se va todo al carajo.

Otras veces sucede que las personas adhirieron correctamente al plan, no tuvieron ganas de mandar todo a los caños, pero sí, una vez logrado el objetivo de bajar X cantidad de peso, tienen permiso de volver a una alimentación “normal”, y al poco tiempo, eso termina llevándolos a su peso anterior.

Tracy Mann, profesora de psicología en la universidad de Minesotta, estudió los patrones alimentarios de personas durante más de 20 años y llegó a estas conclusiones:

  1. Factor neurológico: cuando estás a dieta, tu cerebro está muchísimo más atento a la comida. De alguna forma, el hecho de privarte de cosas que te gustaría comer, se relaciona instintivamente con la posibilidad de pasar hambre, y entonces todo lo que sea comida, se vuelve más atractivo y te dan más ganas de comer.
  2. Factor hormonal: cuando perdés grasa corporal, el balance hormonal de tu cuerpo cambia. Y las hormonas que te harían sentir saciedad y regular el hambre como la grelina y la leptina, cambian su balance, y entonces ya es más difícil saciarte, y tenés mucho más hambre.
  3. Factor biológico: el metabolismo cambia. Tu cerebro se da cuenta de que la comida empieza a faltar (si fueras un humano primitivo, sería señal de estar entrando al invierno por ejemplo) y entonces ralentiza todos los procesos, haciendo que absorvas más calorías de cada comida y quemes muchas menos de tus reservas.

Esto explica claramente por qué al principio las dietas “funcionan” y luego no, y por qué al dejarlas se recupera el peso original y más.

Entonces, ¿nadie debería hacer dietas? Creo que sólo deben iniciar una “dieta” aquéllas personas que tengan una sintomatología específica que quieran mejorar, por un tiempo limitado y de forma muy controlada. No tendrían que ser dietas en las que se pase hambre, sino dietas en las que se eliminan sustancias pro-inflamatorias (gluten, lácteos, etc.) para ver cómo responde el cuerpo, en fin, algo muy específico.

La acumulación de grasa en el cuerpo es una respuesta INTELIGENTE del cuerpo. ¿Cómo? Así:

  1. Estás consumiendo más carbohidratos de los que utilizás, lo más lógico es guardarlos para cuando no haya.
  2. Estás consumiendo toxinas que tu cuerpo no puede manejar, y las aloja junto con grasa en la periferia del cuerpo.
  3. Estás pasando por momentos muy estresantes, lo cual biológicamente se relaciona con el miedo a morir de hambre, y esto ralentiza los procesos de utilización de recursos y de acumulación de reservas.

Es muy sencilllo… no hay que hacer ninguna dieta. Hay que aprender a comer. Hay que reeducar el paladar que está saturado de sabores artificiales (bebidas azucardas, saborizadas, aromatizantes y saborizantes químicos en los caldos, snacks, panadería, etc.) para que los sabores naturales le resulten atractivos y placenteros.

  • Hay que aumentar la grasa y la proteína para tener mayor saciedad al mismo tiempo que nutrientes.
  • Hay que recuperar la salud intestinal, y junto con ella el equilibrio hormonal.
  • Y finalmente, hay que mover el c*lo, porque la actividad física acompañada con la alimentación adecuada, pueden transformar tu cuerpo.

No se trata de encajar en ningún molde, en ningún “patrón de belleza”. La belleza está más allá de ser gordx o flacx. Pero un cuerpo que tiene peso de más, no tiene salud, y cuando no hay salud, es más difícil disfrutar de la belleza. Aceptar la diversidad, el ancho de las caderas o de la espalda, la contextura física general o la altura, en fin, aceptar la estructura base de la que partimos, es primordial. Pero desde esa estructura podés elegir cómo y hasta dónde desarrollar la fuerza, la belleza  y la salud de tu cuerpo.

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