¿Es realmente mala la sal para los hipertensos?

Por motivos de lo más variados, en el último tiempo la sal se convirtió en el enemigo público número uno después del cigarrillo. Tanto es así que en Argentina han aparecido leyes que prohíben la disposición de saleros en los restaurantes (aunque los comensales que los pidan tienen derecho a ellos). Aparentemente, más del 40% de los argentinos padecen este problema aún sin saberlo, y la hipertensión (ya sea por ACV’s y cardiopatías) se carga un 16% las muertes anuales (más que el tabaquismo y la diabetes).

¿A qué se debe todo esto? Te cuento un secreto: la sal que comprás en el supermercado, la sal de los saleros de los restaurantes, la sal de los embutidos, la sal de las galletitas, la sal del pan, en fin, la sal de todos los productos industrializados que puedas comprar por ahí, no es en realidad sal. Es cloruro de sodio. ¿Y qué quiere decir esto? ¿Cuál es la verdadera sal? Bueno, la verdadera sal tal y como se conoce desde tiempos inmemoriales es la que se extrae de la motaña, de las salinas o del mar, por evaporación y recolección. La sal así obtenida, es más gruesa, menos blanca y más húmeda, pero tiene una composición mucho más rica y compleja: un 80% está compuesto por cloruro de sodio, y el 20% restante se reparte entre otros minerales como el calcio, zinc, flúor, magnesio, etc. Todos estos minerales son inapropiados para la fabricación de plásticos y explosivos, por lo que son retirados de la sal, dejando un compuesto que es 99% cloruro de sodio. Al excedente de estas industrias, se lo procesa químicamente para darle el color blanco que vemos normalmente, se envasa y se vende como sal de mesa. Es por eso que la sal es tan mala: porque en realidad no es sal.

La sal rosada del Himalaya, muy de moda últimamente, en realidad no es de la famosa montaña, si no que se extrae en Pakistán, a unos 300 kmts. Difícilmente contenga todas las propiedades que se comentan, aparentemente tampoco contendría los 84 minerales u oligoelementos -está un poco discutido esto según quién presente los estudios- pero con seguridad va a ser mejor sal que la del salero del supermercado. Lo mismo ocurre con la sal marina que se consigue en las casas naturistas: probablemente contenga algo de contaminación, algún anticoagulante a menos del 1%, pero también va a ser de calidad muy superior a la sal refinada.

Mi consejo, si sufrís de presión arterial, es que elimines toda la comida chatarra, la comida industrializada, desde galletitas y golosinas hasta el pan de panadería, y que comiences a utilizar sal de verdad en una muy baja cantidad para preparar en casa tus alimentos, justamente, desde el pan hasta las pastas: todo lo que pueda llevar sal. Pero no dejes la sal para siempre. Hacé la prueba con el tensiómetro, fijate cómo te sentís luego de consumir sal verdadera, probá con un poquito, y después contame.

Una buena opción es preparar una salmuera y rociarla con un spray sobre las comidas. De esta manera lográs una mejor distribución del sabor con menor cantidad de sal.
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Finalmente, eliminar las grasas “malas” e incorporar de las buenas, tomar en ayunas semillas de chía hidratadas y  consumir regularmente aceites de primera presión en frío: de este modo podés aliviar a tus arterias y alivianar tu sangre de colesterol para permitirle al corazón bombear con menos presión.

La vida comenzó en el mar, y el líquido amniótico en el que nadábamos antes de nacer es salado, al igual que el sudor y las lágrimas. No te alejes mucho de la sal.

Actualización 2017: el Dr. Luis Michea, investigador de un instituto chileno, descubrió que lo que produce la presión arterial elevada no es la sal, sino el cloruro de sodio, que como te decía, es el único ingrediente de la sal de mesa, pero está en sinergia con otros oligoelementos en la sal marina y la sal rosada.

Para terminar el post: Charly en vivo en el programa de Susana 😀

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