¿Cuánto incide la alimentación en el Mal de Alzheimer?

Recientemente un grupo de científicos españoles ha descubierto muestras de varios tipos de hongos en los cerebros de pacientes con Alzheimer.

En principio te preguntarás, ah, ok ¿y qué tiene esto de importante? Que la enfermedad sea causada por un hongo, virus o bacteria, ¿en qué cambia si no saben cómo curarla? Precisamente en eso radica la importancia de este descubrimiento, al menos para mí.

A ver, no quiero pecar de soberbio porque sé que no le llego ni a los talones a estos genios que han realizado los estudios: su trabajo es el resultado de años de esfuerzo e investigación. Pero en todo el estudio no se menciona (y tal vez sí hayan arribado a esas conclusiones pero no sea propio publicarlas en este tipo de estudios) algo que para mí resulta más que lógico, y es la notable incidencia de la alimentación en la proliferación de estos organismos en todo el cuerpo.

Hongos como candida albicans, el famoso causante de la candidiasis, fueron hallados en estos cerebros con Alzheimer. ¿Y de dónde sale la cándida? Del intestino. Veamos: una alimentación inapropiada durante muchos años (el mal de Alzheimer ataca en personas mayores) va produciendo dos efectos: la reproducción aumentada de microorganismos que no son malos por sí solos, pero sí cuando exceden determinada cantidad; y el daño de las paredes intestinales, aumentando el grado de filtración de estos microorganismos en la sangre (a propósito, en éste post escribí acerca de cómo algunos componentes de cereales y legumbres pueden dañar tus paredes intestinales). De allí a su paso al cerebro, no hay más que un empujoncito.

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Como si esto fuera poco, en varios estudios se menciona la fuerte incidencia de factores como hipertensión, diabetes, colesterol y obesidad en la aparición del mal de Alzheimer: otra vez, todas patologías relacionadas con desórdenes alimenticios.

Nuevamente vuelvo a hacer uso de mi carta blanca para decir: no soy un científico de rigor, no soy un investigador de una prestigiosa universidad, no no, nada de eso. Por eso mi palabra no tiene autoridad. Pero si tuviera un familiar querido con Alzheimer, no dudaría un minuto en proceder a su desintoxicación total modificando su dieta: mucha agua mineral, frutas y vegetales crudos, eliminar refinados (azúcar, harina, cereales), eliminar gluten, lácteos y levaduras.

Además, probaría con un antibiótico natural, por ejemplo, altas dosis de jengibre, y en todo caso, hasta me animaría a un antibiótico fungicida químico recetado por un médico de confianza, acompañado por probióticos: kéfir, chukrut y yogur natural hecho en casa.

En el intestino reside la fuerza de nuestro sistema inmunológico, y limpiarlo y fortalecerlo es fundamental para recuperarse de cualquier enfermedad grave. Cuánto más, una que ha demostrado filtrar invasores intestinales a todo el cuerpo y llevarlos hasta el cerebro en donde el daño es muy grave.

Entiendo que es muy poco probable, pero si en tu familia alguna persona padece mal de Alzheimer, y estás interesado en hacer la prueba, acompañado de tu médico de confianza, te agradecería mucho que me cuentes tu experiencia.

Cómo siempre, gracias por difundir este artículo, quizás estemos ayudando a alguien 🙂

 

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