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Alimentación Low Carb

En los últimos años tomó mucha fuerza la idea de que una alimentación baja en carbohidratos es beneficiosa para la salud. Redacto este artículo con la sincera intención de aprender yo también, ya que es un tema tan controversial que me cuesta tener claridad en las conclusiones.

Evolución

Si bien el homo sapiens tiene menos de 200.000 años en el planeta (lo cual ya es una barbaridad), su antepasado más antiguo data de 2.500.000 años atrás. En cambio, la agricultura, cuenta con unos escasos 10.000 años. Es decir, que hasta el 8.000 a. C., contábamos con una alimentación muy diferente a la que tenemos ahora, y es esperable que hayamos evolucionado y adaptado nuestros cuerpos humanos a esa alimentación que duró tanto tiempo.

Imaginá el siguiente panorama: hombres y mujeres primitivos, sin hogar, sin asentamientos, sin uso del fuego. Caminaban durante kilómetros. Encontraban una presa (un venado, ponele). Lo cazaban con mucho esfuerzo y lo comían de cabo a rabo: grasa y proteína, muchas vitaminas y todas las enzimas y bacterias. Quizás no volvieran a comer durante algunos días. Con suerte encontrarían algunas bayas o tubérculos para masticar.

Entonces tenemos un sistema digestivo que se acostumbró a obtener poca glucosa, y mucha grasa y aminoácidos. En etapas anteriores de la evolución, aparentemente, comíamos muchas raíces y vegetales, obteniendo allí la glucosa, pero perdíamos gran parte del día masticando (como podemos observar hoy en los primates), y teníamos un cerebro más pequeño.

Cuando el hombre desarrolló las herramientas (homo abilis) y comenzó a cazar y faenar animales enteros, su dieta cambió y el hígado aprendió a hacer la gluconeogénesis, es decir, producir glucosa a través de los aminoácidos obtenidos de las carnes, y las células ganaron flexibilidad metabólica aprendiendo a producir ATP a partir de los cuerpos cetónicos producidos por la grasa: de esta manera podían seguir llevando glucosa al cerebro y energía a las células, aún con un consumo muy bajo de carbohidratos.

Una de las teorías más aceptadas en la actualidad sugiere que el cerebro humano comenzó a a crecer justamente con el consumo de carnes, hace 2,5 millones de años. Pero otras teorías afirman que hubo un crecimiento aún mayor alrededor de 800.000 años atrás, cuando junto con el fuego, el humano comenzó a consumir más carbohidratos ricos en almidón (tubérculos), que estando crudos eran indigeribles. Es decir, comenzó a haber más combustible, con un menor gasto de producción. Ambas teorías son sólo teorías, y con cada nuevo descubrimiento se van modificando.

De lo que sí podemos tener certeza es de que la alimentación biológica:

  • Incluía grasas, proteínas, fibra y carbohidratos
  • Mejoró la biodisponibilidad de nutrientes junto con descubrimiento del fuego
  • Produjo mejoras evolutivas por el aumento en la cantidad de nutrientes
  • No incluía alimentos procesados ni azúcares

Pero: producir glucosa a partir de los aminoácidos, y energía a través de la grasa, ¿No es demasiado costoso para el cuerpo humano? ¿No es más fácil obtener glucosa de los carbohidratos y utilizarla como combustible? Aparentemente sí, y eso se agradece mucho en el cuerpo. Pero… (otra vez el “pero”) en un cuerpo que durante tantos siglos evolucionó para tener un consumo reducido de carbos, ¿No es contraproducente el exceso? ¿Y qué hay sobre la gran cantidad de actividad física de nuestros antepasados comparada con la escasa o nula que tenemos hoy? ¿Cómo influyen estos factores en nuestra salud?

A la fecha podemos ver gran cantidad de enfermedades metabólicas: cáncer, diabetes, obesidad, resistencia a la insulina, síndrome metabólico, etc., y aparentemente la causa viene dada por:

  • falta de nutrientes,
  • alimentación industrializada,
  • exceso de carbohidratos y azúcares,
  • falta de actividad física.

El tema con la tiroides

Algunos estudios (este y este) han encontrado que una dieta cetogénica (muy baja o nula en carbohidratos), altera negativamente los valores de hormonas tiroideas tanto en hombres como en mujeres. Lo más notable, pero no lo único, una disminución en la hormona T3. Esto nos hace pensar que quizás este tipo de alimentación no es la indicada para personas que tengan ya problemas de tiroides, ni para aquéllas que están sanas en todo sentido.

Necesariamente la reducción de carbos es la reducción de combustible disponible, y señaliza a nuestro cuerpo para comenzar a producir combustible de emergencia con otros recursos. Biológicamente esto sólo puede significar una cosa: peligro de morir de hambre, una glaciación, o una larga peregrinacion, algún motivo por el cual, ya no hay tanta disponibilidad. Esa producción alternativa a través de la gluconeogénesis y la cetosis implica esfuerzo extra, gasto de recursos y posiblemente esto dé señales a la tiroides para que reduzca la velocidad metabólica y aumente el estrés.

Mi conclusión (abierta)

He podido comprobar en mis clientes que en los desórdenes metabólicos (diabetes y obesidad principalmente), la reducción de carbohidratos acompañada del aumento de grasa y proteína, junto con otras estrategias, han producido grandes resultados en la mejora de la salud. No soy yo quien recomienda o no seguir esa dieta, simplemente les cuento de los beneficios observados y acompaño ese proceso si deciden hacerlo, dando el apoyo necesario y ofreciendo información, recetas, ideas, etc.

No me atrevo a sugerir que sea una dieta ideal u óptima para todas las personas. Creo que el tema de la tiroides puede estar siendo mal interpretado, y que en una dieta low-carb quizás sí haya menor producción de T3 junto con mayor producción de T4 y T3 inversa, pero la TSH parece mantenerse estable, lo que indica que no se está señalizando una necesidad mayor de hormonas… quizás sea un indicador de que con menos T3 podemos vivir bien cuando hay menos carbos… de hecho, en los estudios los participantes no presentaron síntomas físicos más allá de los números analizados. Además, con el consumo de 100 gramos de carbohidratos diarios ya no hay cetosis, y es una cantidad realmente baja de carbos que permite reacomodar rápidamente desórdenes metabólicos no graves.

Por otro lado, el estudio de Kitava nos demosotró cómo hay pueblos originarios que mantienen una dieta “paleo” rica en carbohidratos gozando de muy buena salud, y también podemos observar cómo muchísimas personas en una dieta low-carb también gozan de muy buena salud. Por lo tanto, me inclino siempre hacia lo mismo: escuchar al cuerpo es crucial. ¿Cómo te sentís? ¿Cómo te ves? ¿Cómo estás? ¿Qué es lo que deseás? Las respuestas a esas preguntas son la clave para elegir los alimentos.

Agradeceré toda información y testimonios que quieran hacerme llegar sobre cómo les ha funcionado la dieta low-carb o cetogénica.

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