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Bahía Blanca, Argentina

¿Pensaste alguna vez en la respiración como parte de tu alimentación?

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Cuando escuchás hablar de nutrición o alimentación seguramente te imaginás un plato de verduritas o un licuado, o quizás hasta algún tarrito de vitaminas. Pero hay un aspecto muy importante y al que no se le presta atención: la respiración.

Por ejemplo, una forma de alimentarse de las plantas es tomar del aire el oxígeno y el carbono a través de sus hojas. Esto, mezclado con el agua y los minerales que obtienen de las raíces, junto con la luz del sol, se convierte en azúcares complejos. A esto se refería Homero Simpson cuando escuchó que alguien hablaba de un árbol milagroso y dijo, “¿Por qué? ¿Qué hace además de convertir la luz del sol en azúcar?” 🙂

Y nosotros, como las plantas, tomamos del aire el óxigeno que necesitan nuestras células para nutrirse. Desde los pulmones, recolectado por la sangre, el oxígeno viaja por todo el cuerpo, nutriendo a las células.

Lo que sucede a veces es que respiramos aire viciado (en muchas casas en invierno las puertas y ventanas permanecen cerradas todo el tiempo junto con la calefacción encendida), que no llega a nutrirnos correctamente. Otras veces, respiramos aire contaminado, como en las grandes ciudades llenas de smog. Pero prácticamente todo el tiempo, respiramos pobremente. No hacemos uso ni de un 20% de nuestra capacidad pulmonar. Esto genera, además de atrofia en los músculos intercostales y en las funciones de los pulmones, la acumulación de toxinas en esas partes de los pulmones en donde no hay una completa oxigenación. La forma de revertir esto es con una respiración consciente, de al menos unos 10 minutos diarios. Es lo que en Yoga se llama Pranayama. Ya los Rishis de hace miles de años sabían de la importancia de todo esto, y por eso te mandaban a respirar de formas determinadas para mejorar tu fuerza, salud, inteligencia y sabiduría.

La correcta oxigenación del cerebro posibilita más y mejores tareas congnitivas y asociativas, es decir, fomenta la inteligencia. Y junto con una mayor inteligencia, no sólo a nivel lógico sino también emocional, hay más comprensión de la realidad, lo que acerca un poco a la felicidad.

Éste señor, hace pranayamas

Éste señor, hace pranayamas

La mejor oxigenación de toda la sangre reduce el esfuerzo del cuerpo para mantener la homeostasis, por lo que podemos decir que evita enfermedades y fortalece el sistema inmune y al sistema nervioso.

Así que te dejo a continuación un pranayama muy simple, pero que puede ayudar mucho.

Sentado en una posición cómoda, con la columna bien estirada y las palmas sobre los muslos, relajá todo el cuerpo: hombros, mandíbula, rostro, cuello.

Cerrá los ojos. No, pará, seguí leyendo. Después los cerrás cuando hayas leído todo 🙂

Hacé una gran profunda inspiración por nariz. La exhalación será igual: profunda y por nariz. Tratá de hacerlas cada vez más lentas y más profundas, siempre por nariz. Y tomá consciencia del aire, cómo entra y sale. Concentrate profundamente en el aire que entra, baja por la garganta hacia los pulmones y como viaja por todo tu cuerpo. Al exhalar, nuevamente concentrate en la salida del aire, sentilo subiendo por tu pecho y saliendo por tu nariz.

Tratá de llenar bien con aire los pulmones en su totalidad: plexo solar, torso y clavículas y cuello. Y al exhalar, vaciá por completo, enviando el diafragma hacia dentro. Hacé esta práctica por cinco minutos al menos y luego fijate cómo te sentís.

 

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