Volver a cocinar en casa utilizando ingredientes naturales es la base de una mejor calidad de vida

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Bahía Blanca, Argentina

Uno de los problemas menos mencionados acerca del consumo de carnes

Allá por el 2004 cuando me hice vegetariano, uno de los principales motivos fue el de mejorar mi salud general y lograr mayor elasticidad en el cuerpo. Doce años después, volví a consumir carnes pero de forma muy específica: al principio sólo pescados de mar abierto y un tiempo después incorporé carne de pollos criados en libertad. No he comido desde entonces un pollo de supermercado y si Dios quiere, nunca lo haré. Personalmente, intuyo que no volveré a comer carne de mamíferos porque no puedo imaginar la idea de matar una vaca o un cerdo, me daría mucha pena, los siento muy cercanos. No me pasa lo mismo con los peces ni con las aves, pero de todos modos mi posición con respecto al vegetarianismo nunca estuvo teñida de ninguna moral  proteccionista, sino como te decía, fue sólo por una cuestión de salud.
Pero si estás leyendo este artículo seguramente te importe muy poco mi vida personal, así que vamos a lo otro: por qué no deberías comer carnes.
Mucho se habla acerca del colesterol, la putrefacción intestinal, el ácido úrico y otros problemas bien discutibles acerca de comer carnes. Pero lo que no se habla mucho es que desde hace ya años, se utilizan de forma sistémica antibióticos en la cría de animales, pero con la llegada de los feed-lots y la cría intensiva de aves de corral en jaulas extremadamente reducidas, la cantidad y el tipo de antibióticos que se suministran han crecido exponencialmente.
¿Por qué? Por la sencilla razón de que en esas condiciones, los animales enferman con mayor facilidad, y la única forma de que no se mueran y perder millones de pesos es manteniéndolos con vida (que no es lo mismo que mantenerlos sanos) a partir del uso de antibióticos.

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Esos antibióticos utilizados en la cría animal, permanecen en la fibra muscular que servís en tu plato regularmente, y es una de las principales razones por las cuáles los humanos hemos desarrollado “tolerancia a los antibióticos”.
¿Viste cuando el médico te dice que no cortes el antibiótico, que termines la caja? Bueno la razón de esta orden es que si le das unas pocas dosis, los microorganismos reconocen al antibiótico, lo estudian, descubren sus puntos débiles y se hacen ellos más fuertes. Si vos terminás la caja, los liquidás, pero si cuando te empezás a sentir mejor la dejás, los bichos se fortalecen y cuando vuelvan a la carga, el antibiótico no va a hacerles el mismo efecto.

Así están las vaquitas en los feedlots

Acá sucede lo mismo: le das pequeñas dosis de antibióticos a las bacterias, los reconocen, y cuando se multiplican y fortalecen, ya la dosis regular no basta, y a veces, ni siquiera el fármaco en mayores dosis podrá ayudarte. Así es como estamos ayudando a desarrollar lo que llaman “superbacterias”.

 

Atenti acá que con la leche de vaca pasa lo mismo. También habrás oído que ciertos medicamentos, incluidos los antibióticos, no se recomiendan durante la lactancia porque… sí, la leche de la mamá los transmite al bebé. Bueno, con la vaca ocurre lo mismo y por eso la leche de vaca estaría teniendo trazas de estos antibióticos. Claro que la leche de vaca en sí no es un mal alimento, pero homogeneizada, pasteurizada y antibiotizada como nos la venden, no es lo más recomendable.

¿Cuál es la solución entonces? Me temo mi amig@ que por más que te guste, deberías aflojarle al churrasco. O convencer a un amigo con campo de que te críe una vaquita sin antibióticos, o un chanchito y lo carnee para vos. Otra solución es comer carne de cordero. ¿Por qué? Porque estos bichos, por ahora, sólo comen pasto, no los tienen encerrados comiendo balanceados y entonces enferman menos, y reciben sólo algunas vacunas obligatorias del SENASA y eventualmente algún antibiótico, o no, no lo sé con certeza, pero con seguridad, muchos menos que los de los animales criados industrialmente. Lo mismo ocurre con los pollos: en todas las ciudades hay alguien que venda pollos de verdad. Sucede que en general son: más grandes, más duros y más caros. Y la mayoría de las personas se ha acostumbrado a comer esa masa gelatinosa inflada con hormonas y plagada de antibióticos que venden en el supermercado y luego el pollo “real” no les gusta… será cuestión de cambiar los hábitos y los gustos.

Con respecto al fundamento científico de lo expuesto en este artículo, el tema es muy complejo. Se sabe que es así, se ha arribado a esta conclusión por un método observacional aplicado por muchísimas ONG e investigadores de todo el mundo, pero poder realizar análisis verdaderamente concluyentes requeriría recursos demasiado costosos que ningún estado está dispuesto a pagar porque una vez demostrado el tema requeriría tomar acciones que no beneficiarían a la industria sino al usuario. Y como el usuario no se queja mucho y vota igual, entonces sigamos como estamos. De todos modos, te comparto un par de publicaciones científicas en las cuáles arribar a esta conclusión es el derrotero inevitable del análisis de los hechos, y un artículo de Consumer Union:

http://consumersunion.org/news/the-overuse-of-antibiotics-in-food-animals-threatens-public-health-2/
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC3234384/
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK216502/

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